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La invención verbal brevísima es seguramente tan antigua como la ficción, dice José María Merino. Desde Rubén Dario, Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges han cultivado ese arte fino y preciso que se llama el minicuento, al que también se le conoce como minificción, microrrelato, hiperbreve, ficción súbita o textículos, que es el nombre incluso de una colección de cuentos que preparo al momento. Múltiples antologías afloran en el mundo editorial internacional y el género va cobrando ímpetu entre los crecientes lectores que se van sumando a esa capacidad de decir lo más en menos. El menos alude, por supuesto, a las distinciones texto-espaciales que demarcan la página, no necesariamente en la construcción o en la significación semántica.
En esta tradición, el escritor Gary Morales nos brinda una colección de testículos titulados El centinela y otros minicuentos. Luego de un proceso de interacción intenso entre el autor y el editor, esta colección me parece es una genuina muestra de las posibilidades de este arte. Ya se habla de concursos de minicuentos y páginas cibernéticas que se dan al cultivo de esta forma. Estos cuentos de Gary facilitan o estimulan el ansia lectora. Cumplen los cuentos que componen este cuadro de relatos con las disposiciones del género: son breves sin ser la sinopsis de un relato mayor; guardan varios puntos de convergencia con el viejo apólogo y hasta con ciertas formas poéticas, como el haiku. No es coincidencia que el segundo libro de Gary Morales que presentamos esta noche se titula La jornada del Haijin, una colección de haikus agrupados temáticamente, y que se pasean entre las rigurosidades del verso y la libertad creadora de llevar el haiku hacia otros temas. Los minicuentos de Gary son concisos y sintéticos y son concientes de sus límites gráficos. Por su parte, cuando se trata de los haikus, la poesía de Gary detona la forma poética: la transgrede a la vez que la abraza. De debe a Basho y se debe a sí mismo, porque los personaliza. Y sobre todo, traduce en experiencia poética a la experiencia lírica, tornando estos poemas en signos de cierto grado de espiritualidad, de lo inmaterial y zen que se ocupa del tiempo y la memoria y toda esa dimensión donde desplegamos esta forma que llamamos vida. Por supuesto, cada Haiku tendrá tantas puertas como lectores le asedien. Gracias a Gary por depositar su confianza en nosotros. Esperamos poder presentar estos libros muy pronto en San Juan. Quedan invitados desde ahora. Gracias a todos los presentes por recibirnos esta noche. Ahora, no más del editor. Es tiempo del centinela y haijin Gary Morales, que con sus libros guarda nuestro mejor placer de lectura, y nos convoca a mirarnos en sus textos. |